Algo está cambiando —y no es menor— en la forma en que los jóvenes se informan. El último estudio de Reuters sobre consumo de noticias en personas entre 18 y 24 años no solo muestra una tendencia: revela una ruptura.
Hoy, la mayoría de los jóvenes ya no entra a medios. No busca titulares. No navega portales.
Simplemente… se encuentra con las noticias.
El dato es contundente: el 39% se informa principalmente a través de redes sociales, muy por encima del 24% que aún recurre a páginas web o apps de medios tradicionales. Es el fin de una lógica: la de ir a buscar información. Ahora la información llega, filtrada por algoritmos.
Y eso lo cambia todo.
Porque si las plataformas dominantes son Instagram, YouTube y, cada vez más, TikTok, entonces el formato manda. La noticia ya no compite por ser más rigurosa, sino por ser más visible. Más rápida. Más emocional. Más digerible.
No sorprende, entonces, que el video gane terreno. Pero hay un matiz interesante: aunque el 32% prefiere consumir noticias en video, el 42% aún dice preferir leerlas. Es decir, la capacidad de análisis no ha desaparecido… pero está siendo desplazada por el entorno.
El problema no es solo cómo se consume la información. Es quién la controla.
Más de la mitad de los jóvenes (51%) confía más en lo que dicen sus influencers que en los medios tradicionales (39%). Este dato no es solo preocupante: es estructural. Significa que la autoridad informativa ya no está en las instituciones, sino en las figuras digitales.
Y ahí hay un vacío.
Porque los influencers no están obligados a contrastar, verificar o contextualizar. No responden a estándares periodísticos. Responden a engagement.
A esto se suma otro fenómeno incipiente: el uso de inteligencia artificial para consumir noticias. Ya un 15% la utiliza, aunque con resultados aún limitados en satisfacción. Es el inicio de una nueva capa de intermediación, donde ni siquiera el algoritmo es el último filtro.
Pero quizás el dato más alarmante es otro: solo el 35% de los jóvenes dice estar interesado en las noticias. Hace una década era el 60%.
No es una caída. Es un desplome.
Y esto debería encender todas las alarmas.
Porque una democracia con ciudadanos desinformados —o peor aún, desinteresados— es una democracia frágil.
Y porque si los medios no entienden este cambio, simplemente dejarán de existir para una generación entera.
La pregunta ya no es cómo llevar a los jóvenes a las noticias.
La pregunta es mucho más incómoda:
¿Quién está formando hoy la opinión de la próxima generación?

Puedes ver el documento completo aquí: https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/understanding-young-news-audiences-time-rapid-change
Artículo e imagen de Reuters.


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