Delcy Rodríguez y la narrativa del “bloqueo”: entre el alivio externo y la deuda interna

Screenshot

La intervención pública de Delcy Rodríguez este domingo confirma una vieja estrategia del chavismo: convertir las sanciones internacionales en explicación total de la tragedia venezolana y en eje de legitimación política interna. Ahora, con un nuevo escenario tras la captura de Nicolás Maduro en enero, el discurso se adapta, pero no cambia en lo esencial.

Rodríguez pidió a Estados Unidos y Europa el “cese total” de las sanciones y presentó una peregrinación nacional como cruzada patriótica por la recuperación del país. El mensaje busca cohesionar a la base chavista, proyectar liderazgo y trasladar responsabilidades. Sin embargo, el principal problema de Venezuela nunca fueron exclusivamente las sanciones. Fue, ante todo, un modelo político y económico que destruyó instituciones, pulverizó la moneda, espantó la inversión y convirtió al Estado en botín partidista.

Es cierto que las sanciones agravaron la crisis, especialmente en sectores estratégicos como el petróleo y las finanzas públicas. También es cierto que algunas medidas terminaron afectando a la población más que a las élites responsables. Pero sería intelectualmente deshonesto aceptar la tesis oficial según la cual Venezuela habría prosperado de no existir restricciones externas. La debacle comenzó mucho antes del endurecimiento sancionatorio: con expropiaciones arbitrarias, controles absurdos, corrupción estructural y persecución política.

El dato más revelador no es la denuncia contra Occidente, sino la promesa de un aumento “responsable” del salario mínimo, congelado durante años en niveles miserables. Que un país con las mayores reservas petroleras del mundo haya reducido el ingreso básico a centavos de dólar no puede atribuirse únicamente a Bruselas o Washington. Eso es consecuencia directa de una devastadora incompetencia estatal.

Rodríguez también habla de una nueva etapa, inversión extranjera, reglas claras y retorno al sistema financiero internacional. Bienvenido sea cualquier intento de apertura racional. Pero para atraer capital serio no bastan leyes nuevas ni discursos televisados. Se necesita seguridad jurídica, independencia judicial, transparencia regulatoria y garantías reales de propiedad. Es decir, justamente lo que el chavismo demolió durante más de dos décadas.

El mundo haría bien en revisar el diseño y efectividad de las sanciones, privilegiando medidas inteligentes contra responsables concretos antes que castigos amplios de impacto social. Pero Venezuela también debe revisar algo más profundo: la cultura política del caudillismo, la opacidad y la impunidad.

El país no necesita otra campaña propagandística. Necesita instituciones. No necesita una peregrinación oficial. Necesita confianza. No necesita nuevos culpables externos. Necesita asumir responsabilidades internas.

Si Delcy Rodríguez realmente quiere abrir una etapa distinta, el primer paso no es pedir menos presión afuera. Es ejercer más reforma adentro.


Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *